Hasta hace no muchos años los proyectos se acometían por razones de interés general, cuestionándose bien poco esta calificación. Sin embargo, con la entrada en vigor del Real Decreto Legislativo 1302/1986, de evaluación de impacto ambiental y, sobre todo, el Real Decreto-Ley 9/2000, de modificación del anterior, se dio el primer paso para que las partes interesadas (aún no hemos encontrado una traducción de stakeholders que nos haga sentirnos cómodos) pudieran expresar su opinión sobre los proyectos, antes de su ejecución.
Más reciente es la Ley 27/2006, por la que se regulan los derechos de acceso a la información, de participación pública y de acceso a la justicia en materia de medio ambiente, que unida a los códigos de buenas prácticas, aconsejan una correcta participación pública para que los proyectos que redactemos, tanto para clientes públicos como privados, tengan mayores probabilidades de éxito.
Tenemos fresco en la memoria el caso del Trasvase del Ebro. Sin duda este proyecto, que contaba con importantes bondades, se estrelló por una falta de consenso. |
El coste para nuestros bolsillos de este fracaso tiene una primera partida sencilla de calcular: el presupuesto que se gastó TRASAGUA, como antecedente de ACUAMED, desde su constitución hasta la derogación del proyecto (gastos internos, mucha ingeniería y varias obras iniciadas que hubo que rescindir). A esto debemos añadir el balance comparativo, menos inmediato, entre el coste del Trasvase y el del Programa A.G.U.A.
Pongamos sobre la mesa otro programa crucial: la Energía Nuclear. Decía El Mundo del 5 de junio de 2008: “entrevistado por el Financial Times, el presidente Zapatero ha descartado la inversión en energía nuclear porque, a diferencia de Francia, este país no tiene la capacidad de agua suficiente para refrigerar este tipo de plantas”. Con el mix de generación energética que tenemos no solo acabamos de sufrir la segunda subida de la tarifa en lo que va de año, sino que se contribuye significativamente para que no cumplamos los compromisos de Kioto. Si tenemos en cuenta que la energía fotovoltaica está fuertemente subvencionada, que los parques eólicos son grandes molinos en el horizonte que al verlos comprendemos el empeño de D. Quijote como precursor de los enemigos de la energía del  |
viento y que el resto de energía renovables apenas son significativas, concluimos: ¿No ha llegado el momento de abrir un debate en profundidad, donde los intransigentes se excluyan a sí mismos y podamos alcanzar un amplio consenso? Pero para ello, es preciso entendernos.

(continúa...)
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