3. EL TIEMPO DE PENSAR COMO LUJO Y COMO COSTE
El tiempo del arquitecto aporta más al proyecto que las posibilidades económicas del promotor. Esto debe saberlo el arquitecto, para aprovechar mejor su tiempo, y debe saberlo el promotor, para aprovechar mejor sus posibilidades económicas.
La reflexión da más oportunidades creativas que un presupuesto ilimitado.
Trabajar con presupuestos limitados sin renunciar a la calidad obliga a trabajar duro en la elaboración de la planificación y en el desarrollo del diseño. Obliga a pensar una y otra vez en posibles soluciones hasta dar con una solución idónea que no supera los límites económicos.
Pensar exige tiempo; el tiempo destinado a pensar es el más valioso y el más rentable porque conduce a la solución más lujosa y más económica. Tenemos que aprovechar más el tiempo, ahorrándolo en las tareas que necesitan pensarse menos y dedicando más tiempo a pensar, y tenemos, a la vez, que
apreciar más -poner un precio mayor es lo opuesto a
des-preciar- el tiempo de pensar.
