OPINIÓN

Valor y precio de la arquitectura

  • 1. LUJO Y COSTE
    El objetivo de nuestro trabajo como arquitectos es lograr calidad arquitectónica, pero nuestro empeño en conseguirla no debe utilizarse como escusa para ignorar la importancia de los costes, no debemos desvincular nuestros objetivos de calidad del impacto económico de las soluciones que proponemos para conseguirla.
    Es harto frecuente que el lujo se asocie con un coste alto, pero debemos evitar que la frecuencia de esta asociación nos lleve a confundir lujo y coste, valor y precio. El lujo es una cuestión cualitativa, de placer, una sensación de bienestar en una situación concreta. No hay una conexión necesaria entre el lujo y lo que cuesta. El coste es una cuestión cuantitativa y está sujeto a variaciones y oscilaciones que son independientes del valor cualitativo: se puede conseguir un alto índice de lujo -placer, calidad, bienestar- a bajo coste.

  • 2. LA LIMITACIÓN DEL COSTE COMO ESTÍMULO DE LA CALIDAD
    El hecho de que un cliente nos imponga un límite presupuestario no debe interpretarse como un problema: un presupuesto limitado no supone un obstáculo para la calidad arquitectónica. Nuestra tarea es estudiar de manera pragmática como conseguir calidad sean cuales sean las limitaciones.
    Se puede hacer buena arquitectura con costes ajustados y con presupuestos limitados. La limitación impuesta al coste puede ser un estímulo y permite dar su verdadero valor a la relación coste-rendimiento.
  • 3. EL TIEMPO DE PENSAR COMO LUJO Y COMO COSTE
    El tiempo del arquitecto aporta más al proyecto que las posibilidades económicas del promotor. Esto debe saberlo el arquitecto, para aprovechar mejor su tiempo, y debe saberlo el promotor, para aprovechar mejor sus posibilidades económicas.
    La reflexión da más oportunidades creativas que un presupuesto ilimitado.
    Trabajar con presupuestos limitados sin renunciar a la calidad obliga a trabajar duro en la elaboración de la planificación y en el desarrollo del diseño. Obliga a pensar una y otra vez en posibles soluciones hasta dar con una solución idónea que no supera los límites económicos.
    Pensar exige tiempo; el tiempo destinado a pensar es el más valioso y el más rentable porque conduce a la solución más lujosa y más económica. Tenemos que aprovechar más el tiempo, ahorrándolo en las tareas que necesitan pensarse menos y dedicando más tiempo a pensar, y tenemos, a la vez, que apreciar más -poner un precio mayor es lo opuesto a des-preciar- el tiempo de pensar.

(continúa...)
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