El problema del agua va camino de convertirse (si no lo es
ya) en uno de los elementos clave de tensiones del siglo XXI.
En España el tema fue origen de una inmensa crispación
al finalizar la anterior legislatura, que se concentró
en la oposición al trasvase del Ebro, movilizándose
grandes manifestaciones principalmente en Zaragoza e incluso
en Bruselas, para oponerse a la asignación de fondos
comunitarios para el proyecto. A los pocos días del triunfo
electoral socialista de 2004, se dio carpetazo al proyecto,
sustituyéndolo por lo que ha venido a ser el programa
A.G.U.A. que propone abastecer a las regiones secas del arco
mediterráneo con desaladoras. El planteamiento político
maniqueísta está servido: los trasvases son de
derechas, las desaladoras son socialistas, las presas son franquistas.
Nuestra posición, como ingeniería, debe ser no
entrar en el debate político, sino llevar a la práctica
los planes, sean del color que sean. Por esta razón,
en estos años hemos trabajado a fondo y como muestra
está nuestro contrato con ACUAMED para
supervisar las obras de construcción de la mayor
desaladora de Europa en Torrevieja.
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Planta desaladora de
Torrevieja, Alicante
Desde el punto de vista ambiental, la solución de desalar
agua de mar tiene, entre otros, dos importantes problemas: el
consumo energético y la devolución al mar de la
salmuera. La técnica ha avanzado mucho para
reducir la energía que se necesita para producir un metro
cúbico de agua desalada, estando próximos a la
cifra de 3 kWh/m3, respecto a la cual, ya no se prevén
mejoras sustanciales.
El vertido de salmuera al mar ha sido también objeto
de amplia controversia, con posturas extremas entre los que
clamaban contra el vertido de una cantidad de sal equivalente
a un estadio de fútbol, y los que decían que simplemente
se restituía al mar la sal que se había previamente
retirado.
continúa...
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